martes, 7 de mayo de 2013

Entrevista con el vampiro




Merodean entre los vivos como uno de ellos cuando en realidad no lo están. Quizás sí les late el corazón, pero tan solo les sirve para mover la sangre por su cuerpo. Carecen de sentimientos y están muertos sin saberlo.

Los no-muertos, los Nosferatu, los vampiros.

 

Alguno ya estará a punto de llamar a Iker Jiménez o peor aún, al loquero. Evidentemente no hablo de los típicos vampiros al uso, del estilo de Vlad Drácula. Ni siquiera de los feminoides de la saga “Crepúsculo”. Hablo de los vampiros emocionales.

Desgraciadamente existen y vagan entre nosotros esperando su oportunidad. Se comportan exactamente igual que los vampiros de leyenda. Pero no tienen ese halo romántico de aquellos aunque si su letalidad

Para empezar diremos que son personas vacías, sin vida interior ni emociones. Almas muertas y podridas, que son solo sombras de personas.

Buscan víctimas emocionales, personas con sangre palpitante que caigan en su enredo. Personas débiles de espíritu y confiadas. Las huelen, las saborean antes de acercárseles siquiera. Tienen una vista especial depredadora. Detectan el calor que desprende su forma de ser abierta, su disponibilidad mental, su corazón sensible.

Se acercan de forma suave, con amabilidad y hasta educación. Se predisponen como el mejor amigo que hayas podido encontrar. Te cuentan su vida de pequeñas desgracias a fin de que abras tu corazón y les invites a entrar en tu refugio personal, tu intimidad.

Como vampiros que son, si no les invitas a entrar no pueden hacer nada, porque en sí son débiles también y frágiles y si fuesen descubiertos o atacados no disponen de armas psicológicas con las que defenderse. Por eso apelan a tu hospitalidad emocional para que les permitas la entrada. Una vez que lo has hecho estás perdido.

Cuando les abres tu corazón, tu vida íntima, tus miedos, ellos saben como mantener abierta la vena para que siga fluyendo la savia vital de tus emociones. Te van dando de su propio veneno, sus experiencias (reales o inventadas) para que mantengas abierta la comunicación. Saben que las desgracias compartidas son menos y por ello conocen el secreto para mantenerte propicio, a su disposición. No tienen piedad alguna, es su supervivencia emocional lo que está en juego.

Poco a poco te van vaciando de emociones mientras ellos van usurpando y haciendo suyas las tuyas. Van llenado sus vidas con lo que antes era tuyo, con tus sentimientos. Copiándolos, absorbiéndolos, mientras a ti te van dejando sin interés por nada, sin vida, sin emociones. Te hacen ver que tu vida es una mierda, que todo es mentira, que no eres nada, mientras ellos se van cargando de energía. Ahora tu vida es mucho peor que la suya. Ahora viven felices porque tú, que le crees amigo, eres más infeliz que ellos. La envidia, que es los que vuelve a alguien vampiro unido a una falta total de empatía por el prójimo, se diluye en los estertores amargos del que lo tenía todo aunque no lo supiera y ahora está vacío. “Ya no eres mejor que yo, ahora no tienes más que yo, estas por debajo de mí”.

Normalmente, cuando la víctima queda completamente desmoralizada y es ya solo una carcasa vacía de sentimientos positivos, es abandonada por el vampiro que habitualmente se mantiene un tiempo pleno de felicidad hasta que la va desgastando y busca otra víctima.

¿No podemos hacer nada ante este monstruo?

La respuesta es sí, claro que si eres una posible víctima, lo normal es que seas ajena a ese tipo de ser. Sencillamente no ves sus monstruosas facciones, porque ante ti se muestra como alguien incluso atrayente, y no hablo de connotaciones sexuales, sino emocionales.

Se necesita un Van Helsing que lo reconozca, que te avise y que lo combata o te diga como hacerlo.

Lo primero es reconocerle.

Normalmente se presenta como un gran amigo al que hace un par de meses apenas saludabas. De pronto te cuenta que tiene las mismas aficiones que tú, claro que siempre es después de que tú le cuentes las tuyas. Ellos en realidad no tienen ninguna, no tienen emociones ni sentimientos, recuerda. Pero de pronto se hacen los mayores fans de tu ídolo, los mayores seguidores de tu equipo, o les gusta de toda la vida ese estilo que a ti te caracteriza y que curiosamente hasta ahora nunca ha demostrado. Pero bueno, acaba de comprarse el último disco o película, la última equipación, o el último complemento idéntico al tuyo. Es lo más. Os vais a hacer uña y carne. Uña encarnada mejor dicho.

Te empieza a contar alguna desgracia suya y te abre su corazón, su muerto y detenido corazón. Eso hace que tú te confíes y le cuentes las tuyas. Pero al contrario que cuando le cuentas a alguien normal alguna cosa mala que te sucede, no te sientes liberado. Después de hablar con el vampiro te sientes más oprimido aún. Porque el vampiro te hace ver que efectivamente tienes una desgracia, no trata de suavizarla sino que abunda en el hecho, y te cuenta ya experiencias propias o conocidas que acaban fatal. Normalmente son experiencias inventadas o de otras víctimas. Pero para eso están ellos ahí, para ser tu paño de lágrimas, o tu sudario mejor dicho. Cada día te vas viendo peor y más amargado, cuando antes apenas eras consciente de que tenías un pequeño problemilla. Ese es el síntoma de que te ha mordido y te ha dejado su veneno.

Lo peor es que el veneno de los vampiros es adictivo y te hace ir a buscar más. También se aprovechan de ello. Te van alejando de aquellos que te pueden salvar.

Ellos reconocen a los enemigos, ven la luz en sus ojos y les temen, porque pueden descubrirles y dar al traste con todo el trabajo hecho.

Si les has abierto la puerta y te han mordido es difícil escapar de ellos sin ayuda. Aunque la mayoría de las veces esa ayuda sea vista como todo lo contrario, porque estás ya emponzoñado y solo quieres encerrarte en tu cripta y dormir, morir, desaparecer. Tan solo despiertas cuando aparece el no-muerto. Él te revive, te despierta y te vuelve a morder para sacarte una nueva dosis dejándote aun más vacío.

Puede que ya estés perdido del todo. O puede que no. Todo depende del grado de fortaleza que tengas, del aguante y de lo envenenado que estés.

¿Pero es que no hay salvación?

Claro que la hay, pero normalmente no es curable, sino preventiva.

Veamos la profilaxis.

Huye de aquel al cual no conocías apenas y de pronto se vuelve tu mejor, gran, fabuloso, genial maravilloso amigo. No es que te vuelvas un oso cavernario, pero desconfía de los “apretones de amistad”, sobre todo cuando se te ofrecen.

No vayas contando tus desgracias a todo aquel que se te acerca, tus intimidades. Siempre es bueno tener a alguien cercano a quien confesarte, pero resérvate de los recién llegados, por muy buenas intenciones que parece que traen y muy calidos que parezcan. Y siempre, siempre, mantén algo para ti solo. Hay que ser abiertos pero no en canal.

Si después de hablar de un mal que te aqueja, notas que estás cada vez peor, más dañado, más decaído, te están succionando la vitalidad. Aléjate de la persona con la cual notas que te encuentras así, por muy bien que hable y mucho que te escuche. Sobre todo si te sigue la corriente y te confirma que estás fatal. Te está acercando al precipicio.

No trates de enfrentarte a él, huye. Hay que tener muy buenas armas para enfrentarse a un vampiro, y si tú estás ya mordido o eres una víctima potencial, te aseguro que no las tienes. El vampiro jamás se enfrentará contra alguien seguro de sí mismo, contra alguien con personalidad. Es su agua bendita, su estaca, su ristra de ajos. Irradian una luz emocional tan intensa como la del sol y eso les desarma y les mata. Si conoces a alguien así, acércate a él porque es tu salvación. Son fáciles de reconocer. Te sientes bien con ellos, te encuentras mejor después de hablar con ellos, no hace falta que te hablen o aconsejen, solo que te escuchen. Te reconfortan. Son verdaderamente cálidos y acogedores.

El vampiro se alejará solo para no quemarse. Sabe que si lucha contra él y tú no te separas de él, está descubierto, desarmado y perdido.

Si luchas sin armas contra el vampiro descubrirás lo monstruoso que puede llegar a ser. Tiene tus secretos, tu vida en sus manos y te mostrará tu corazón sangrante mientras lo devora a la vista de todos dejándote herido de muerte. Sabe demasiado de ti.

Pero yo alguna vez he sido confidente de un amigo, o he llorado tratando de que el otro no me dejara a un lado, he hecho cosas inconfesables para no perder una amistad o un amor ¿soy un vampiro y no lo sé?

Amigo, si has sufrido por un amigo, si has llorado por un amor, aunque hayas hecho las peores cosas, has demostrado que tu corazón no está seco y muerto. Tan solo que no has sabido gestionarlo. Que te has equivocado de forma. Pero si te has sentido mal por ello, si simplemente has llorado, te has dado de cabezazos, o no has podido dormir durante días, serás un pobre desdichado, pero nada más.

Y ahora, pobres mortales, sed cuidadosos por ahí.

2 comentarios:

FREDERICKjoto BARRAZA dijo...

¡Hola! soy nuevo por aquí.

Interesantísima entrada, creo que me habeís dado en el centro del alma.

Es que por más inteligentes y precavidos, TODOS en algún momento necesitamos confiar en alguien, abrir nuestros corazones y hacer una catarsis para no ahogarnos con tanta tristeza.

Lamentablemente muchas veces recurrimos a la persona equivocada, y es que tal y como está escrito aquí los demonios buscan "Personas débiles de espíritu y confiadas."

El Maligno posee una astucia infinitamente sádica y sabe de nuestras debilidades y así nos tiende tentaciones en el camino de la vida.

Buenas noches ULADH

Uladh dijo...

Gracias por comentar y bienvenido. Espero que te resulten interesantes mis entradas, aunque alguna no la compartas siempre es bueno ver otras razones. Respecto a lo que dices del Maligno, creo que buscar en lo sobrenatural lo que en realidad pertenece a la naturaleza humana es esteril. La Humanidad cuando dejó de evolucionar porque se adaptó a su entorno, necesitó de un acicate para seguir avanzando, o seguiríamos en las cavernas, y fue la capacidad de envidiar lo del otro. Es el peor de los vicios, aunque sin él como digo estariamos aún en el Pleistoceno. La envidia que solemos llamar sana es la que nos mueve a ser mejores por y para nosotros, pero la envidia a secas, la "chunga" es la que mueve a la mayoría a ser crueles y diabólicos. Hacen matar al hermano, al hijo y al prójimo. Hacen invadir paises, exterminar pueblos y razas, destruir amistades. Somos el Homo Invidus.