viernes, 13 de agosto de 2010

Dos tontos muy tontos

Os voy a hablar hoy de dos figuras que todos estamos hartos de ver a nuestro alrededor y que muchos, o al menos yo, sufrimos con resignación y asquito.
El tonto primero, porque lleva más tiempo entre nosotros, es el pijo. El pijo no tiene por que tener dinero, aunque normalmente lo tiene. Voy a hacer primeramente una descripción física del pijo en sus distintas facetas.
Desde pequeñitos visten y se peinan de forma diferente al resto del genero humano para distinguirse. Llevan los pijitos, sea crudo invierno o tórrido verano, pantaloncito corto con tirantes, calcetincitos caladitos y zapatos de charol con hebilla. Lleva camisita de color pastel y mangas de farol con cuellos redondos. En invierno suelen llevar un abrigo o trenca con capucha de color azul marino o verde botella. Se peinan con raya al lado y hablan con vocecilla nasal. Las chicas usan trajecito de vuelo con grandes cuellos de encajes y lacitos, lacitos por todas partes. Lacitos en la espalda, en las mangas, en el pelo. Lazos pequeños y lazos enormes. Todos los matrimonios pijos deben tener un Pinocho o una Mariquita Perez como vástago, y si son del opus que menos que catorce. Toda su ropa, tanto la de los pequeños como la de los mayores tiene indefectiblemente que ser de marca y normalmente tiene nombre y apellido. Ralph Laurent, Yves Saint Laurent y además gustan de marcas con nombre puramente castizo como Pepa Domínguez, Lola Martínez o Rafael Durán. Eso da caché.
Todos estudian en colegios bilingües, con picadero propio y con nombre de santo.
Los pijos van creciendo y lógicamente mudan su indumentaria. Ellos se colocan pantalones chinos o vaqueros azules con mocasines y politos (con el motivo de la marca en el pecho y ahora que se ha generalizado su uso, el logo tiene que ser gigante) con el cuello levantado. Sea invierno o verano llevarán un jersey, colocado sobre los hombros y anudado al pecho cuando hace calor. Las chicas llevan el pelo largo y peinado y ladean la cabeza para que el pelo caiga hacia un lado. El pelo es muy común que lo lleven teñido de rubio a mechas con las raíces negras. Pantaloncitos de cuadros por la rodilla y tacón alto o vaqueros de pitillo y tacón alto. Muchas llevan camiseta o polito de marca aunque algunas muy pijas llevan blusa y pañuelo con motivos de equitación (fustas, estribos, sillas de montar). En verano ellos se colocan un pantalón corto con camisa de manga larga, con los puños vueltos. Que digo yo que se llevan todo el año dándose rayos UVA y gastando una pasta y luego en verano se tapan. Y es que son tontos claro.
Las gafas de sol tienen que ser en ellas grandes y redondas como las del ‘Un, dos, tres’. Sirven además para sujetar el pelo como si fuera un pasador. Ellos suelen llevar el pelo también largo. Lo normal es que lo lleven engominado y súper alisado delante y un montón de rizos alborotados por detrás. También lo llevan suelto y caído el flequillo como una cortinilla. Patillas largas y sin sombra de barba o bigote, que eso es de macarras.
Si van a la playa el polito tiene que tener la bandera española en el borde del cuello. Si van al campo el atuendo cambia por una camisa de pana finita y un chaleco quitafrio de color verde o marrón, con gorra de cortijero de cuadritos o sombrero de fieltro. He llegado a ver a un tonto pijo de esos con pantalón de montar, sin las botas y en zapatillas de deporte por el Cortingles, el pantalón para quién no lo sepa llega hasta la rodilla. Una pinta de gilipollas que tiraba para atrás, pero eso sí, todo el mundo sabia que tenia caballo. Porque esa es otra cosa de los pijos, y de su tontería, el aparentar (para quien no tiene) y el demostrar (para quien sí tiene). El perfecto pijo debe ir mostrando siempre su posición y patrimonio, real o ficticio. Alardear en suma.
El tonto, vamos el pijo, se distingue hasta en el color de la ropa. Llevan pantalones vaqueros rojos, sí amiguitos, rojos. Y camisas de color rosa. Son unos colores y unas pintas que entran por tus ojos y van directo a tu cerebro. En él hay una lucha entre partirte la caja del descojone o liarte a ostias hasta que pierdas las uñas.
Cuando el pijo crece y envejece sufre una transformación. El hombre suele experimentar una mutación. Aunque su pelo se pone blanco totalmente como el de Richard Gere , su piel toma un color oscuro casi como el de una castaña. De pronto viste como un chaval, con ropa ibicenca o hippie pero de marca y de lino o algodón criado en granjas de diseño (pijipy le llaman los muy capullos), en esa época se divorcian de su vieja y se buscan una chavala de veintitantos que llevan como el que lleva un pañuelo de flores para lucirse. Estas chavalas suelen ser pijas sin un puto duro que se creen que heredarán todo lo del viejo que normalmente ya está todo amarrado y adjudicado a sus buitrillos... dijo sus hijos. Alguna zorrita de estas se lo montan bien y se queda preñada, sea del chofer o en un día que el vejete no se pone hasta el culo de coca o de mojitos. Entonces el niño en cuestión, después de algunos juicios que seguro saldrán en ¡Qué me dices!, heredan un cacho del pastel.
¿Y qué pasa con las pijas cuando envejecen? Al principio se lo montan bien y con lo que les deja el divorcio bien del carajo. Se pasan el día tostándose al sol en la playa o el yate. Se rodean de maromos que buscan también la sombra del dinero. Los tíos tienen peor suerte ya que no se pueden quedar preñados pero al menos algunos graban un disco de mierda que no escucha ni su madre, o hacen un par de pases en una pasarela enseñando cachas y poniendo cachondo al modisto con cara de mojama que le toque vestirle. Luego pasa el tiempo y la pija no tiene la suerte que su ex-pijomarido. Éste, por la genética, se convertirá en un arrugado viejo podrido de dinero y empitonado a viagras. Ella no tendrá esa suerte y gracias a un cirujano plástico sin escrúpulos y forrado estirando pellejos, se convertirá en un payaso con los labios como el borde de un lebrillo, las tetas como dos bolsas de silicona pero a la altura de las caderas y el pescuezo como el mástil de un violín. Un collar de perlas gordas como huevos de codorniz para estirar las arrugas del cuello y unas gafas negras como el culo de una botella de Tío Pepe para ocultar que tiene el ombligo en la frente.
El pijo, por su estatus económico, podría parecer que se deleitaría escuchando a Brahms o a Haydn, hasta a los coros gregorianos de Santo Domingo de Silos. No, el pijo flipa con los ‘Siempre así’ y algunos cantantes de corte flamenco como Falete, Lolita, Poveda o Manuel de Angustias (toma ya el nombrecito) ya que gustan de saraos y romerías donde demostrar que se divierten mejor que nadie a base de fino y jamón. El Rocío es la mayor romería pija y las ferias de Jerez y Sevilla. También van a conciertos de Bosé o A. Sanz, Paulina Rubio, etc. no porque les guste en sí sino por que ellos son igual de pijos y si va alguna tele al concierto quizás puedan luego alardear ante los amigos tontopijos de lo guay del concierto. Y las fiestas pijas, que me decís de las fiestas pijas. Sobre todo en verano, los pijos se reúnen en sus chalets a hacer la fiesta ibicenca (todos vestidos de blanco a juego con la cocaína que se meterá la mayoría), la fiesta romana, donde todos se visten con sabanas para luego acabar en la piscina borrachos perdidos, etc.
Los pijos no se relacionan nada más que con pijos. Viven en chalets de lujo o no, pero chalets. Con piscina y barbacoa y casa de la piscina y casa de la barbacoa. Suelen vivir en una urbanización solo de pijos, tontos todos como ellos, con más o menos dinero o sin un duro pero entrampados hasta el culo para aparentar. Recordemos que su máxima es ‘aparentorum et semper tontorum’.
El tontaco pijo no habla como el resto de seres humanos. Cortan las palabras para que nadie sepa que dice. Es como un lenguaje diferente y críptico que ellos, tontos del culo, creen que no sabremos descifrar. Así hablan del ‘insti’ o el ‘tuto’ que es lo mismo, la ‘uni’, la ‘parti’ en vez de decir instituto, universidad o fiesta. Algo que además significa lo mismo porque para ellos el estudiar es una fiesta continua. La fiesta del otoño, la del invierno, la de la cerveza, la de derecho, la de farmacia, la de medicina. La universidad es donde los pijos hacen como que estudian pero en realidad se colocan de cocaína y alcohol y se aparean como conejitos, o conepijitos. Luego papi les paga el postgrado o un master en Columbia, ‘Ojsfor’ o ‘Kembrich’, los más ricos y en U.C.L.A. o ‘Niuior’ los menos. Sacan el título como casi todos sabemos, pagando en internet a algún pringao que haya hecho ya el examen o sabe Dios de que manera. Y papa los coloca en la ‘ofi’ de la empresa a dirigir a los que de verdad tratarán que siga adelante. Se comerán lo que el abuelo levantó privándose de ir a Montecarlo o a La Concha (se lo comerá o se lo meterá por la nariz) y mientras ‘fiesta fiesta, parti parti’.
Otra particularidad son sus deportes. Si no cuestan dinero y no tienen que gastarse una pasta en Decathlon solo para vestirse, no merece la pena. Antes era el tenis, luego fue el golf, pero como eso ya lo juega cualquier jubilao que veranee en Benidorm, han tenido que buscar un juego nuevo que sea solo para pijos. El Squash o como coño se escriba. Es una mezcla de tenis y frontón que se juega en ‘clus de exkuás’. Allí se reúnen los pijos tres veces por semana a jugar diez minutos y a exhibir el último modelo de ‘aipold’ o las nuevas zapatillas refrigeradas y que saltan solas gracias a la burbuja de aire de los Alpes suizos de su suela durante las tres horas restantes y luego a refrescarse en la terraza frente al campo de equitación donde los pijitos saltan en caballitos guiados por instructores sonrientes que están hasta los mismos huevos de los putos caines que tienen de alumnos. También últimamente está de moda el paddel que es como jugar al tenis con las palas de playa en vez de raquetas, que digo yo que si ya estaba inventado el tenis para qué cambiarlo. La vela y los deportes náuticos son imperecederos en Pijoland, así como el pasear sus culos sobre caballos que ni apestan a caballo.
Y los nombres. Cesar, Marcos, Máximo, Rodrigo o Iñigo y el incombustible Borja. Y si el nombre es largo hay que acortarlo de forma que de repulsión. Rodri, Chechu, Chema, Yago, Jóse, Quique, Edu, Rober o Tito. En ellas es más difícil encontrar uno así que se note la pijéz. Pero siempre los salvarán las Águedas, las Sofias, las Almudenas y sus diminutivos ridículos, Queca, Fefa, Sofi, Luli, Tita. Y además con apellidos que contengan un ‘de’ o un ‘De la’, para que no sea un Torre común sino un De la Torre, aunque sea lo mismo.
¿Cómo se mueve el pijo? En coche. No un coche cualquiera. Tiene que ser un Mercedes clase C o un BMW de la serie 5 para arriba. Eso ellos, porque ellas no hay quien las baje de un 4x4 y si es un Rav4 o un Hammer mejor. Así nadie les puede decir ‘¡enciende el intermitente gilipollas! sencillamente porque no llegan a esa altura desde su utilitario. Lo que sí es común es que se cuelen en el parking, no respeten el limite de velocidad, ni la prioridad en un cruce o una rotonda y que en un semáforo en rojo den un acelerón para salir antes que tú que llevas un SEAT o un Citröen. Porque claro, ir detrás de alguien en una carretera o que pases tú primero aunque tengas preferencia, que tenga que buscar una plaza de parking unas tres columnas mas pallá, eso es de pobres. o como dirían ellos con su lenguaje que parece que llevan la lengua quemada después de comer una pizza recién sacada del horno: ‘Io soy ijo saes... tsontso pero ijo, mentiendes. Osea questoy proncima del populatso saes, osea deerdá’.
Vomitados.
Los segundos tontos del culo que me dan casi tanto o más asco que los pijos, son los canis. Llamados también bajunos, kinkis, wilys o muchos más apelativos dependiendo de la zona de España donde hormiguean.
Hagamos un ejercicio de aguante estomacal y describámoslos físicamente.
Desde pequeñitos visten y se peinan de forma diferente al resto del genero humano para distinguirse. Lo pequeños bajunitos suelen vestir de ropa de mercadillo que a simple vista puede parecer normal pero que por los colores chillones y mal conjuntados (de eso no entiendo pero la mujer dice que es así), y los niños suelen tener un corte de pelo estilo Willy DeVille, por si no me entendéis, pelado normal y corriente en toda la cabeza excepto en la parte baja trasera que cae en una melenita hasta media espalda. A veces no es mas que un guindajo enroscado y medio quemado por un intento de tinte o agua oxigenada. Este peinado bajuno también puede verse en los padres y canis adolescentes. Las niñas no suelen en esa edad llevar un peinado o indumentaria muy diferente al resto de los mortales de no ser por lo de los colorines extravagantes, que debe ser por que el ojo de su madre no pueda distinguir colores normales y solo vea fosforescentes rosas y verdes (algo digno de estudiarse junto al ojo del calamar).
Llevan los canis macho, sea crudo invierno o tórrido verano, chándal cuanto más ancho y llamativo mejor. Cuando llevan camisetas tienen que tener colores que se vean en altamar desde millas de distancia y si estas cerca y les miras más de cinco segundos te provocan daños irreparables en la retina y en el cerebro. A veces llevan estampados dragones y motivos japoneses, no saben ni porqué pero queda ‘towapo’ según su escaso lenguaje que ya abordaré más adelante. Al contrario que los chandals, las camisetas tienen que ir ajustadas para marcar ‘ardominales’. Toda su ropa, tanto la de los pequeños como la de los mayores tiene indefectiblemente que ser de marca. Nike, El Niño, o TN. En verano un autentico cani no lleva camiseta ni na, pa enseñar músculo. Y entonces se ponen los vaqueros que han comprado en ‘Breska’ y que tienen que ser dos tallas más grande pa enseñar el calzoncillo hasta medio culo, que se vea bien la marca, la del tiznón. Y si llevan bañador tiene que ser ‘shurfero’ y llegarle a los tobillos. La gorra es otra prenda indispensable para cualquier cani que se precie de serlo. Tipo béisbol y que le esté bien a su hermano chico porque en realidad no sirve para cubrirse del sol ni na de eso. La llevan en la coronilla y con la visera mirando al cielo como una antena parabólica para recoger ondas hertzianas. Llegamos, bajando por esos pantalones sin forma y si los bajos del pantalón lo permiten ver, al calzado. Zapatillas deportivas enormes y elevadas sobre muelles de aire de colores llamativos. Imagino que esas suelas tan altas son para ir desgastándolas ya que arrastran los pies al andar para balancearse como cuando un chimpancé levanta las manos y camina. El pelo, cuando no lo llevan rapado, lo suelen llevar de varias maneras. La primera es el estilo crestita como la suelen llevar algunos futbolistas (ídolos principales adorados por esta especie), también usan de la cresta mohicana. La otra es la típica de kinki que por delante parece que va peinado normal y detrás le cuelga una horrible cola de 4 pelos que forman tirabuzones y le salen directamente del final del cuello. Hace unos años estaba de moda entre el bajunerio el llevar el pelo como un franciscano o estilo cenicero. Todo rapado excepto una corona alrededor de la cabeza que les daba aspecto de torreón.
Repasemos ahora a las canis hembra. Lo de cani macho o hembra es porque en ellos aun sobreviven los instintos ancestrales del ser humano primigenio. La cani suele vestir una malla ajustada hasta las últimas consecuencias. De esas para sordomudos sí, que se pueden leer los labios. Cinturón enorme y top de color fosforito. Suelen tener unas tetas enormes desde que echan los dientes, no sabemos si es una adaptación genética para amamantar bien a sus cachorros ya que en cuanto tienen la primera regla están dale que te pego hasta quedar preñadas. Si lo normal es que en 100 años haya 4 generaciones en una familia, a razón de una cada 25 años, en la especie cani puede llegar a siete. Y es que la cani suele quedarse embarazada a los 15 años la primera vez y así se sucede que en cien años veremos tatarabuelas canis con 60 años. Sigamos con la hembra cani y su indumentaria. Lleva la cani el pelo siempre muy largo y suele ir teñida de un negro intenso o mechas rubias. Si lo lleva suelto le cae en rizos, pero lo más común es que lo tenga en una cola muy alta, casi en la coronilla y tan estirado que a ves les es imposible pestañear. Una banda elástica en la frente de color también chillón es como la gorra de su macho, así evita que el cerebro pueda expandirse y le quepan ideas, como por ejemplo leer. Complementan su atuendo con abalorios tribales como unas argollas enormes en las orejas donde cabrían colgada una familia de guacamayos gigantes del Amazonas. Aunque mida 1’56 la cani arquetípica parecerá que tiene 1’70, pero es por las plataformas de corcho que se pone en los pies. El rabillo del ojo tiene que ser negro carbón y llegarle hasta la sien. Las uñas de mil colores diferentes pero todos a la vez. Los canis o bajunos suelen llevar piercings y tatuajes en cualquier parte del cuerpo. El macho lo lleva grande y con dragones, letras góticas con el nombre de la churri, o el suyo propio, perros de presa (que es un elemento casi indispensable, y cuanto más feo y más cabezón sea el perro mejor) y signos tribales sin significado alguno que con la nula cultura del cani es algo que le importa poco. También llevan unas letras chinas en el hombro o en el cuello o muy común detrás de la oreja. No tienen ni zorra idea de qué pueden significar pero se creen lo que les dice el jevy que lo tatua y que se parte el culo cuando se va el cani to contento y se lo cuenta a los colegas que se parten el culo también. Las canis suelen llevar tatus más pequeños en la paletilla, en los lumbares o en la pierna y eligen motivos como duendes, hadas, campanilla o el conejito de playboy. La cani suele ponerse un tatu en sitios donde no se ven como en el culo, la teta o en el pubis. Es para que solo lo vea su pibe pero como en dos meses se han pasao por la piedra a medio instituto y cambian de novio más que de tanga (que sí tiene que verse por encima del pantalón y las tirillas le tienen que llegar al sobaco) pues en un curso lo conoce to dios. Y si no, ya se encarga ella de enseñarlo a la menor oportunidad o en una foto del ‘tuenti’. Los piercings en ellas en la boca que parece una verruga negra. En ellos suelen ser un brillante en la oreja estilo Guti o Beckham, un aro que le agujerea la tetilla de la oreja o clavos en la ceja.
Y el oro, oro por todas partes. Anillos, sellos, cadenas gordas y medallones con cristos, camarón o símbolos chinos o de dólar.
Todos estudian en colegios bilingües, con picadero propio y con nombre de santo. Bilingüe porque solo aprenden dos palabras, picadero porque es allí donde comienzan los escarceos instintivo-sexuales y con nombre de santo porque en España si no tiene nombre de santo es de obrero.
En la playa, los canis hacen toda suerte de acrobacias en la arena para agradar a sus hembras y para que los demás veamos qué cerca de nuestros ancestros están. Ellas mientras tanto se dedican a tomar el sol porque nunca llevarán sombrilla a la playa. Jamás van al campo como no sea de fútbol y para armar gresca gane o pierda su equipo.
El cani gusta de alardear ante sus colegas de cuantos mamporrazos le dio al fulano tal o cual y de que es capaz de aguantar más calimochos o ron con limón.
No sabemos que ocurre con el cani cuando envejece porque aun no conozco a ningún cani viejo pero imagino que será digno de ver.
El cani escucha música a volumen brutal. Sus preferidos son los flamenquitos como Decai, Los Caños, Rebujitos, Estopa, El Barrio, y los herederos de Camarón, ídolo semi-dios de los canis. también gustan de la música chunda-chunda que paso de designar por que no tengo ni idea de cómo se llama ni me importa lo más mínimo, pero la ponen en las discos poligoneras a cargo de ‘Diyeis’ , porque todos tienen ese nombre delante ‘Dj_Narco’, ‘Dj_Teddy’, ‘Dj_Rubita’ y miles más que se te puedan ocurrir. La música, porque carece de letra, seria algo así: Titiritiiii tututu tetete te te, chun, Titiritiiii tutuu tetete te te chun chun, tiutiutiutiu. Chun chun chun chun.
Una creación llegada del otro lado del charco fue en Regeton o como se escriba. Es como una historia de un narco que tiene una pistola y te mete dos pum pum y te da pum pum, y como me mires mal te doy pum pum. Y luego sale una voz de tía cachonda diciendo, papito dame pum, soy tu chava pum, me das pum pum. Todo esto con un ritmo eterno: Tun chitun Tun tun, chi tun Tun tun, chi tun Tun tun, chi tun Tun tun.
Las fiestas de los canis son todas iguales, coche con el maletero abierto a toda hostia el Regeton y botellón en un polígono industrial que acaba en bronca, botellas volando y patadas o fiesta en discoteca de chimpun atiborrados de pastis y acabando en bronca con botellas volando y patadas.
Los canis solo se relacionan entre canis, nadie soporta sus colores chillones más de 4 segundos seguidos. Su agresividad también es un muro infranqueable. Viven en pisos cerca de polígonos y en los extrarradios de todas las ciudades pero el mejor lugar para verlos es en los parques públicos sentados en bancos que previamente han arrancado y colocado unos frente a otros. También es fácil verlos de noche en lugares de botellón allá donde este el coche con la música más hortera y bajuna que oigáis.
El cani no habla como el resto de seres humanos. Normalmente utiliza un pequeño numero de palabras para todo, pero bueno, los perros solo ladran y se entienden. ‘Abe’ que en su lenguaje significa Sabes y lo repiten a cada momento. Entre ellos se llama ‘pimo’ o sea primo o ‘mano’ que quiere decir hermano y que demuestra que ellos piensan que todos son de la misma camada. ‘illo’ también lo suelen utilizar bastante. La canis se comunican entre si llamándose ‘shula’, ‘loka’ o ‘puta’ de forma cariñosa. El cani no habla, el cani grita. Grita hasta cuando esta contento. Lo normal es que se comuniquen a grito pelao con la vena del cuello hinchada. El cani solo se ríe cuando algún colega sufre algún percance cayéndose de la moto o por el estilo y entonces salta dando palmadas entre las piernas y diciendo ‘Iooooo illo, que cara.azo colega Uaaaaaaaaaaaa’. Los canis cuando no están hablando de peleas están haciéndolo de lo ultimo que han robado o de que su ‘pimo’ ha comprao algo más barato a un colega que lo que tu le estés mostrando. Una conversación cani seria así: ‘Pimo ira, taba ahí to la peña y eso abe, y llegó mirmano no, y va y to er tema ahí, abe, y le dio un puñetazo no, y se cayó er nota to partio olega uaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa’. Las canis usan palabras de otro estilo vocal. ‘Tía’ y ‘Que fuerte tía’ es muy común y ya si están en una bronca, que es como el 75% de su vida, ahí ya enloquecen. Se insultan como verduleras y la palabra ‘pamicoño’ y ‘pazoputa’ son de uso corriente en su jerga.
Los canis no estudian, jamás. Un cani no sabría distinguir entre una tilde y una cagada de mosca en la hoja de papel. Es más, ellos creen que el papel solo sirve para liar canutos. Jamás han leído un libro, creo que ni han abierto uno. El Instituto de E.S.O. es ese lugar donde a veces van a liarla con otros chicos o a pintar la tapia de fuera con pseudograffitis poniendo los nombres de todos los ‘sosio’ de la peña que forman, que es como llaman a su manada u horda.
El cani macho tiene dos deportes principales. El primero es en un gimnasio poniéndose fuerte pa enseñar ‘ardominale’ y el segundo cualquier arte marcial que tenga que dar muchas patadas y puñetazos y que acabe en ‘itsu’. El cani hembra no practica deporte alguno. Bueno si mascar chicle con la boca abierta o pintarse las uñas es un deporte, entonces sí, esos dos.
Una actividad muy educativa en el mundo cani es la fotografía y el cine. Si amiguitos, aunque resulte increíble. Sus maquinas preferidas no son Nikkon ni Canon, no. Tampoco Fujitsu, aunque acabe en ‘itsu’, porque eso no sirve pa pelearse. Lo graban todo con sus teléfonos móviles. El estilo fotográfico es sutil, ellos posan enseñando ‘ardominal’ o haciendo que lo tienen y suelen hacerse fotos enfocando al espejo del baño de su piso con los hombros hacia delante para parecer que están cuadraos, enseñando todos los granos de su cara. Porque un cani sin barrillos es como un jardín sin flores. Ellas todas las fotos que se hacen son poniendo poses de fulana o sosteniendo el teléfono en alto para que le salga bien el escote. También se fotografían en sus actos tribales, como fumando canutos o mamando alcohol. Las fotos las suben al ‘feisbuk’ o al ‘tuite’ y le ponen debajo los nombres de los sosios, “er_maki”, er_tete”, “er-Shino”, “er-Negro” (nombres de guerra dentro del grupo para olvidar la mierda de nombres que su padres les ponen).
Los videos que graban son de broncas, peleas de tías, haciendo alguna gamberrada como tirar piedras al tren o a los coches en una autovía, caneando a un profesor, haciendo carreritas con sus vehículos, o derrapes, etc. Los cuelgan en Youtube, porque si no has colgado un video de esos en Youtube, no podrás pertenecer a la horda.
Suelen tener nombres característicos. A ellos les ponen nombres bíblicos o típicamente americanos. Jonathan, Isaac, Israel, Nathananiel o Kevin, Beckam (es que los canis creen que eso es un nombre y no un apellido). Lo que sucede es que luego no responden a ese nombre y cuando no es con su mote de guerra (como los antes descritos) es con Robe, Yoni, Irra. Las tías tienen nombres como Jessica, Jennifer, Yolanda, etc. pero se llaman Yeni, Yoli, Yesi, Nazaré (¿es que este como lo acortas, Nazi?), Noe, Vane, Lore.
¿Cómo se mueve el cani? Aquí hay que reconocer que hay dos estilos. El cani joven y el de escasos recursos económicos suele ir en moto. Una mini-scooter a ser posible Jog-R que le habrá comprado su padre con los ahorros de un año de trabajo y que el niñato cogerá en primer día y la modificará totalmente. Le cambiara el tubo de escape por un tubarro que haga mucho ruido y le quitará el tope del acelerador. Eso si no le cambia el motor de 49 c.c. por uno de 75 pa que ‘rule’ más. Le pondrá luces de color violeta o ultravioleta para no ver una mierda pero que quede ‘towapa’. Y pegatinas de Nike o El Niño.
El que lleva coche porque tiene su padre un poco más de dinero, suele comprarse un Hyunday coupé o con más suerte un SEAT León. Lo arreglan enseguida con un ‘loro’ y dos altavoces que ocupan todo el maletero para que la música que llevan la oigan hasta en Oslo (un cani no sabe donde está Oslo, es más, ni siquiera sabría decirte que países son europeos o ni siquiera diferenciar el nombre de un país del de un plato exótico y si le preguntas te contestan con gilipolleces ¿dónde está Camboya? ¿Camboya, juaaa, po tríncame la.....?).
El coche suele llevar debajo luces giratorias para alumbrar el suelo y los faros son de xenón pero de color azul o violeta. En el maletero y parabrisas suelen llevar todo tipo de neones y diodos. Un puticlub de carretera da menos el cante.
Aunque hay otros que suelen llevar cochazos como Audi Quatro o Mercedes y Beemeuves. Te preguntas que cómo un niñato que está todo el día en el banco de un parque sentado puede tener un coche así sin que su padre sea médico o banquero. Es que ese además de cani es traficante. Sí amigos, el cani también se dedica a vender drogas, pastillas y coca normalmente. Y así pueden comprarse esos coches y estar todo el día en el bareto donde se reúnen tomando cubatas e invitando a los sosio. Las canis no conducen. Un macho cani se vería insultado en su ego si una hembra de su camada supiese conducir mejor que él y por ello no la deja, él la recoge donde sea.
Un cani, con moto o coche, no tiene ni idea de las normas de tráfico. Para eso tenia que estudiarlas y el cani solo se aprende como un padrenuestro los exámenes de los colegas. Algunos ni usan de carné, ¡pa que se lo retiren!
El cani no sabe lo que es el límite de velocidad y por ello aprieta el acelerador hasta que las uñas se quedan sin sangre debajo. El cani no entiende de colores y de ahí que los semáforos sean para los demás. Si fueran fosforito y el rojo de color fucsia, entonces a lo mejor lo verían. El bajuno no permitirá jamás que tu salgas de una calle antes que él aunque sea un cruce y tu tengas preferencia. El cani no necesita pelear por una plaza de parking porque para donde le sale de los cojones. Y si es posible y ve a alguno de sus ‘pimos’ se para en mitad de una calle como media hora aunque detrás haya una cola de kilómetros pitando, si eso se baja y se enfrenta a todos con aspavientos y toques de huevos. El cani en moto suele ir acompañado de dos paquetes, uno detrás casi colgando de la matricula y otro metido entre las piernas del conductor y la carcasa frontal de la scooter. Van haciendo eses o el caballito y gustan de ir por la acera y esquivando niños pequeños y ancianos en los parques. No llevan nunca casco por sus cabezas no están preparadas para soportar esa presión. Su blando cerebro reventaría dentro de su cráneo. Cuando ven a un policía o un guardia civil se les suelta la barriga y ponen cara de lo que son , tontos del culo, cuando les paran y les piden los papeles. Es entonces cuando vuelven a recordar que tienen padre.
Para acabar decir que para un cani, lo peor que hay es un pijo y para el pijo, un cani. Cosa extraña porque no suelen frecuentar los mismos nichos geológicos. Pero si lees y relees te das cuenta de cuanto en común tienen. Son las dos caras de la misma moneda. Los extremos que se tocan. Incultos gilipollas que no dan un palo al agua, escorias de la sociedad unos y miembros de una sociedad podrida los otros. Seres egoístas incapaces de pensar más que en ellos los unos y los otros. Tontos muy tontos que disfrutan siéndolo.

miércoles, 11 de agosto de 2010

que lo sepais

A los que me habeis puesto algún comentario, deciros que os leo y os agradezco no solo que me leais, sino que encima comenteis. A ti Pilar, a Morgana, a Pepe y a Manoleitor, y a los que me habeis contestado por correo.
Deciros que no he contestado en el mísmo comentario porque no se si luego lo leeriais. Así que aprovecho y os mando un saludo y un gracias.
Aprovecho para deciros que mis otros blogs, Histeria Universal y Blanco y Negro, siguen llenandose de contenido.

martes, 13 de julio de 2010

La Roja

Escribo aun con la emoción de la noche vivida. No ha sido la mejor noche de mi vida, no soy fanático futbolero, pero ha sido una de las más emocionantes.
Mi fútbol se reduce a cuando juega la Selección Española y a sufrir con el Atlético de Madrid, que pocas alegrías ha podido darme el jodio, y el resto de mis jaleadas deportivas pasan por la Selección de Baloncesto, la F1 de Alonso y las motos de Lorenzo y Pedrosa (como veis no soy partidista).
Habrá quien diga que eso no es ser seguidor de algo. Bueno ¿Y a mí que me importa? Soy como esos millones de españoles que estando como estamos acostumbrados a tener pocas alegrías que celebrar nos desgañitamos cuando vemos a alguno de los nuestros sufriendo como cualquiera de nosotros lo hacemos en nuestra vida de gente común y corriente, y encima ganan.
Y entonces nos llena ese sentimiento de bien común, de que el trabajo duro tiene su recompensa, de que no todo es tan fácil como la vida de esos “grandes hermanos” o esa Esteban que está donde está por enseñárselo a un torero. Que para llegar a conseguir algo hay que ganárselo. Y nos dan a todos una esperanza, un aliento y un consuelo. Nos hace creer que todo se puede arreglar. Que la crisis no es tan crisis. Vemos como gente que ha nacido en un pueblo, hijo de un carnicero o el de la casa de la esquina, vuelve como un héroe. Que aquí no hay más títulos que los que traen colgados del cuello o entre las manos. Que no es necesario ser hijo de tal o de cual y que hasta un rey se hace una foto con ellos para tenerla de recuerdo. El autentico triunfo de los currantes, de los nobles de espíritu, de la gente normal.
Y no me resistí a gritarle al arbitro del partido con Paraguay que nos hizo repetir el penalti o perder la voz y la garganta cuando Inhiesta, después de 93 minutos de interminable partido y casi media hora de prorroga, sufriendo como solo sabemos sufrir los españoles, metió ese gol en el último minuto como solemos hacer los españoles.
Los fachas, cabreados como siempre, dicen que a qué viene ese ondear de banderas españolas ahora solo por el mundial cuando deberíamos estar con ellas hasta de sabana de cama. Ellos que van a cagar con la bandera, ellos que la llevan hasta tatuada en el culo, ellos que han hecho a su sombra las mayores atrocidades, que nos la hicieron tragar con su águila y su himno inventado, que nos hicieron odiarla porque significaba todo lo que despreciábamos, sus brazos en alto, sus bigotitos de lápiz, sus pelos engominados. Nos hicieron pasar, a la mitad de los españoles, por debajo de ella y besarla por cojones, no porque queríamos, diciéndonos que debíamos morir por ella a golpes en la culata y gritos de ‘patria y deber’.
Es mi bandera y la saco cuando me sale de los cojones señores del PP, la tendré en mi balcón el tiempo que me salga de los mismos cojones, amargados perdedores, pesimistas agoreros ¿Quién os dio la exclusiva de usar esos colores a vuestro antojo y privarnos a los demás de usarlos cuando queramos? Que sepa el que pone los pies sobre la mesa de Bush y habla con acento tejano y catalán en la intimidad, que no se dice ‘Eshhhhpaña’, que se dice España. Y que somos españoles no porque vosotros nos lo digáis o nos lo permitáis, sino porque nos da la gana. Cuando gana ‘la roja’ y cuando no. La Roja sí, porque viste de rojo, sin que signifique un color político panda de idiotas.

Tampoco me avergonzaré de ponerla ante los nacionalistas, sean de la ‘nacionalidad’ que sean o quieran ser. Porque al final está demostrado que por encima de banderas, ikurriñas, senyeras o pendones, lo mismo nos da un gazpacho que una paella, un polbo a feira que un pa amb tomaquet. Cuando gana un tenista, un motociclista, la selección de fútbol o baloncesto, la de waterpolo o la de petanca, cuando un español hace algo fuera y gana algo en nuestro nombre no nos preguntamos su ideal político o su comunidad autónoma. Gana España y lo celebramos por todo lo alto. Y salimos a la calle como si hubiésemos ganado cada uno de nosotros. Porque somos así cuando vamos juntos por algo. Todos a una como Fuenteovejuna. Y al que le haya dado coraje de que hayamos ganado que le den por culo, y si ha nacido en España, más todavía.
Viva la roja, viva España, los españoles y la madre que nos parió.

sábado, 10 de julio de 2010

El mundo está lleno de “Hijos de la gran puta”

Hola amiguitos.
En un post del 25 de enero del corriente, argumentaba que el mundo estaba llenito de gilipollas. Me equivoqué.
El mundo lo que tiene es una inmensa cantidad de hijos de la grandísima puta (donde pone hijo en lo sucesivo se hace extenso a los dos géneros, es decir a esas hijas de puta que nos rodean, porque me niego a usar la @ mas que para una dirección e-mail).
Células cancerigenas de la Humanidad. Como los virus, infectan la sociedad y no sacan beneficio alguno mas que eso, extenderse como una plaga y acabar con las células sanas.
Yo la verdad, si viera en ellos algún interés en hacer daño para mejorar ellos, para enriquecerse o simplemente para alcanzar un peldaño más alto en sus indignas vidas, seguirían repugnándome pero al menos tendrían un sentido en lo que hacen. Las moscas dan por culo pero al menos sirven para algo. Pero es que no... putean por placer.
Y sé que los que lean esto, (si alguien lo lee) no le alcanzarán dedos en las manos y los pies para contar hijoputadas de esta ruina que nos rodea y apesta. (termino creado por Clint Eastwood, el héroe antihijosdelagranputa por antonomasia, en “El Sargento de Hierro”)
Y hay sabandijas de estas de todas las categorías. Desde los gusanos individuales y privados que arrastran sus babas desde la casa de al lado o en la mesa junto a la nuestra en la oficina o los públicos y desconocidos que sufrimos en el bar, el restaurante o la cola del banco. Los hay también profesionales hijos de la grandísima puta que se dedican, desde medios de comunicación, prensa amarilla, rosa o del color de la misma mierda que vomitan, a envenenar el aire. Hay, como no, sanguijuelas vocacionales que hacen de esto un modo de vida retorcido y perverso. Que no viven para otra cosa vamos, porque no son nada y así son algo... hijos de la gran puta, pero algo son.
El hijo de la gran puta nace, no se hace. Por muchas cabronadas y putadas que nos hagan, si no has nacido hijo de la gran puta, por mucho que te esfuerces en serlo para, por ejemplo vengarte, no conseguirás mas que ser un cabroncete. Un buen hijo de puta lo trae en los genes. Lo va demostrando desde chiquitito. Los puedes ver en la guardería o en el parque infantil ejerciendo su misión. Donde los demás niños juegan, se divierten y porqué no, se pelean a veces (para eso son crueles y amorales, ya tendrán tiempo de tener que vivir bajo normas), ellos se dedican a deambular entre los otros crios desbaratándoles los juegos, quitándoles el cochecito, tirándoles arena o simplemente empujándolos y dando por culo. ¿Qué fin buscan? Ninguno, solo dar por culo. Llevan en su interior la semilla, la llama que algún día les hará ser unos auténticos anormales hijos de su puta madre. ¿Qué hacen sus madres y padres mientras? Pasan de todo. Se hacen los longuis en el mejor de los casos. Les ríen las gracias sencillamente porque ellos son así de hijos de puta o los alientan y defienden porque sí, un hijo de puta defiende a otro al ser de su misma clase. Conviene hacer un alto en este punto para sentar otra base. Los hijos de la gran puta se defienden y cuidan entre ellos. Son como una tribu, un clan o una manada. Necesitan extender su toxina y por eso entre ellos no se suelen atacar. Quizás cuando solo haya hijos de puta en el mundo empiecen a comerse entre ellos. Por lo pronto defienden a sus cachorros y se unen en bandas, familias y colegas.
El hijo de puta se mantiene seguro gracias al miedo que infunde a su alrededor. Si alguien nos está puteando, no esperemos recibir ayuda de la gente que nos rodea. Seguramente nos dirán que sí, que menuda putada, que valiente hijo de puta, que deberíamos hacer algo, pero... nadie va a mover un dedo para devolverle la pelota al hijo de puta. ¿Y porqué? Sencillamente instinto de conservación. ¿Quién en su sano juicio se expondrá a caer en las garras de un hijo de puta que puede amargarnos la vida? Y gratuitamente.
De esa manera se mueven impunes con todo descaro delante de sus victimas sabiendo que no habrá quien les defienda.
Otra cualidad que suelen desarrollar es el cinismo. Llegar a hacer creer que son ellos los inocentes y los puteados. Suelen usar frases del tipo ‘es que la tiene tomada conmigo’ o ‘me quiere joder la vida y por eso me acusa’.
¿Qué puede mover al hijo de puta a fijar su punto de mira en alguien? Normalmente es la envidia. El hijo de puta es envidioso por naturaleza. Lo lleva impreso en su genética. Quizás los primeros hijos de puta simplemente fueron simples envidiosos que para eliminar la tensión acumulada puteaban al envidiado y así se sentían vengados en su interior.
¿Es el envidiado/puteado culpable en alguna medida de esa tensión hacia el hijo de puta? La mayoría de las veces no. El hijo de puta suele envidiar hasta las desgracias ajenas. La popularidad, la felicidad, la buena suerte o la ausencia de maldad así como la plenitud en cuanto a necesidades suelen despertar la envida del hijo de puta. Paradójicamente los hijos de puta se creen ellos mismos tocados por la suerte, los más populares, buenos y sin necesidades. ¿Entonces porqué si ellos mismos se creen tan maravillosos no soportan que haya otros que también lo sean? La pregunta se contesta sola, porque son unos hijos de la gran puta.
¿Qué podemos hacer ante estos? De primeras, nada. Lo siento si esperabas una formula magistral. La vida es en sí una hija de puta la mayoría de las veces por lo que defiende a los iguales. Pero nos queda una esperanza y es que la vida es una gran hija de puta y nos pone a todos en su lugar correspondiente con el tiempo. La naturaleza es sabia y si la vida no es igualitaria para todos al final todos vamos a ir al mismo agujero al menos. La venganza es un plato que hay que tomárselo bien frío, y ahí es donde entra esto que os decía antes, el tiempo va dejando solos a estos hijos de puta que poco a poco van desenmascarándose. Los hijos de puta no tienen escrúpulos ni freno y por eso putean hasta a quien les ríen o les respetan. Eso claro está pasa factura y terminan solos y amargados. Normalmente el hijo de puta cuenta con una larga vida de soledad. Una amarga soledad.
Que la disfrutes hijo de la gran puta. Tú también, hija de puta.
Que a gusto me he quedao.

miércoles, 2 de junio de 2010

Cabronadas y pamplinas

Con los años uno se va haciendo a todo, aunque la verdad, el Ser Humano no deja de sorprenderme. Casi siempre negativamente. Me niego a pensar que el hombre sea malo por naturaleza, pero que difícil es no caer en la tentación de creer que la buena gente es un accidente. Será porque esos están ocultos por esa cantidad de hijos de puta supinos que como satélites giran en torno a nosotros diariamente. Entre esos satélites y los que viven sobre la tierra intentando no putear a nadie y dormir tranquilos por las noches hay un enjambre de gilipollas integrales que se dedican, como si de borrascas se trataran, de hacernos llover una cantidad de idioteces que, a menos que lleves un buen paraguas de paciencia, te salpican y empapan hasta hacerte pararte y cagarte en todo y en todos. Y entre cabronadas y pamplinas vamos sorteando los charcos y el fango de sus babosas intenciones.
De cabronadas.
La maestra indiscutible, porque lleva siglos de experiencia, es la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana.
Al fin salen a la luz pública y de manera masiva la cantidad de abusos y violaciones de niños y mujeres de estos guardianes de la moral privada. Mucha gente lo decía en los corrillos de tertulia y plaza pública, pero con la boquita chica y tapándosela con la mano. Una especie de teoría de la conspiración contra la Iglesia. Echarle basura encima a una institución que mucha gente odiaba y a la vez temía por el poder sobre la vida, la muerte y después de la muerte que tenia durante el pasado.
Eso decían, que eran mentiras comunes, leyendas urbanas, algo que todos decían pero que nadie conocía de primera mano. Claro quién iba decir en voz alta: “ A mí me tocaba Don Pascual” o “El padre Felipe me ha hecho una barriga”. El linchamiento público habría sido inmediato y el tiempo que iba a tardar el valiente en dar con sus huesos en la cárcel por una u otra razón, verdadera o inventada, sería el justo para que la pareja de la Benemérita le fuese a visitar.
Pero ha llegado el día en que se ha destapado a toda la caterva de fariseos que, como dijo el propio Jesucristo son sepulcros blanqueados por el sol. Blancos y limpios por fuera, pero por dentro llenos de podredumbre.
Aquellos que amparados por el miedo de sus víctimas, la autoridad de sus personas y el poder de su institución, han destrozado los cuerpos y las vidas de miles de niños en internados, campamentos y sacristías. Ahora el Santo Padre dice pedir perdón. Bonitas palabras para pasar página sobre un delito tipificado por todas las democracias mundiales. Quizás trata con eso de que, soportando sobre sus espaldas el peso de la culpa, libere al resto de su jerarquía de tener que pedir perdón y pagar por los crímenes que han cometido. Las víctimas se quejan y con razón de no ver en esas palabras ni arrepentimiento ni una mano dura que corte las ramas podridas de ese árbol moribundo que es la iglesia católica. El mes pasado en una carta pastoral a la iglesia irlandesa, Ratzinger ha dado un “rapapolvo” ligero sobre el asunto. A partir de ahí surgen más y más denuncias, y las que vendrán. ¿Y a dónde van esos pederastas violadores indeseables? A otra diócesis donde no se les conozca. Esa es la justicia del Vaticano. Repudio no, encubrimiento.
No es que sea menor el delito en un seglar pero... en aquellos que se suponen los guardianes de la moral de sus adeptos, aquellos que les juzgan y condenan tanto en la vida como en la eternidad por cuestiones similares, tienen además el agravante de alevosía. En fin, que las noches en los colegios religiosos y seminarios sean plácidas y no películas de terror.
De Pamplinas
La verdad es que ya estoy hartito de vivir en esta burbuja de lo políticamente correcto y del Homo Eufemisticum.
Desde que a las personas de raza negra dejamos de llamarles “negros” por “de color” (vamos que los blancos no son blancos sino transparentes), digo yo, a los chinos había que llamarles “de color” especificando “de color amarillo” o a los beréberes “de color canela” o a los blancos deberían llamarnos “de color vainilla” o “rosado” o “de color canela claro” si son muy morenos. Habría que especificar el tono de color y así tendríamos a personas de color negro tirando a marrón o negro tirando a marrón claro. Tampoco se puede decir que “la cosa está negra” o “ha sido una semana negra” por que a algunos idiotas se le ocurre que puede insultar a algún colectivo que, por cierto ya no son negros sino de color.
También quieren quitar de nuestro léxico las inoportunas frases consideradas xenófobas o racistas como “engañar como a un chino” (que digo yo que conociendo a los chinos cualquiera los engaña) o “trabajar como un negro” (eso es lo que quisieran la mayoría que deambula sin rumbo por nuestras calles, trabajar), bueno son frases ya anacrónicas que también se pueden cambiar por “engañar como a un niño” (conociendo a los niños cualquiera los engaña) o “trabajar como un obrero” (eso es lo que quisieran la mayoría que deambula sin rumbo por nuestras calles, trabajar).
Sin embargo sí queda bien si los propios “de color” de autodenominan “Black Power” (poder negro, sí, no “poder de color” que es como ahora les llamamos) y lo mas gracioso es eso mismo, que a los que nosotros tememos llamar “negros” les importa un pepino eso del nombrecito.
Quitar algún escudo heráldico de alguna Comunidad Autónoma por llevar cabezas de moro, al considerarlos insultantes hacia una comunidad concreta. Vamos es como si sacásemos de su tumba a Colón (ahora que sabemos donde está) o a Isabel la Católica por los 400 años de conquista, y los tirásemos a una escombrera. Rizar el rizo, o ser mas papista que el Papa.
¡Cuanta pamplina señores!
Y ya con las tonterías sobre la igualdad y la paridad es que me tiro al suelo y pido un taconeo en mis lomos.
Y no es que esté en contra de la igualdad, ojo. Estoy en contra de la tontería y el hacer por hacer. Por que se note que se hace algo aunque no valga para nada.
Mira que soy de izquierdas. Mira que apoyo al gobierno del PSOE porque prefiero mil veces las tonterías , pamplinas y “ahorasís ahoranos” de Zapatero que un día bajo el gobierno de la fachorrada PePeista. Pero es que me puede.
Pase que Miliki tuviera que cambiar la canción de “Los dias de la semana” porque sonaba mal aquello de:
Þ Lunes antes de almorzar una niña fue a jugar pero no pudo jugar porque tenia que planchar. Asi planchaba... (letra completa)
Pero es que la han cambiado tanto por esta pamplina de la ley de igualdad que ahora suena así:
Þ Lunes antes de almorzar un marido fue a correr pero no pudo correr porque tenia que planchar. Asi planchaba... (letra completa)
Y así ese marido sigue sin poder hacer todo lo que le apetecia hacer porque tenia que hacer de todo en casa. Y no digo yo que esté mal que haga, pero ¿podria acompañarle la esposa tambien no? O al menos un dia uno y otro dia la otra. Mientras ¿qué hacia la mujer? Ver “Salvame” quizás. Pues vaya mierda de ley de igualdad, ¿Igualdad para quién?
La señorita Ministra de Igualdad, Bibiana Aido, (que yo me pregunto porqué no le han bautizado Ministerio de la Mujer que es un nombre más acertado, porque en ningún momento se pide nada para los hombres, que somos según dicen iguales), la Srta. Ministra como digo, se tiene que pasar el dia como los abogados de la SGAE (espero que no me cobren por usar su santo nombre) revisando canciones y cosas por el estilo. Lo último ha sido apoteosico cuando ha hablado de modernizar los cuentos infantiles, el de la Cenicienta por ejemplo, por sexistas. Es como si revisasemos los clásicos y los rescribiésemos. En La Iliada de Homero, (se cree que Homero era mujer) Páris seria seducido y secuestrado por Helena y Aquiles seria en realidad una mujer que luchando por los derechos de sus iguales querria destruir Troya, antro de machistas ojijuntos y barbaros.
Si estudiamos el cuento de Cenicienta tenemos que tener en cuenta algunas cosas (todos conocemos su argumento, y si no, al videoclub). Lo primero es que solo conocemos, me refiero al público general, las dos versiones más recientes de este cuento, las de Perrault y los hermanos Grimm, de 1697 la primera y de 1812 la segunda, que varian solo en algunos mínimos detalles. Curiosamente esta historia se conoce por muchos nombres en paises y culturas muy alejadas tanto en distancia como en el tiempo siendo su versión más antigua la egipcia “Rhodopis” del siglo 6º a.C. y la más exótica la china “Yen sen” algo posterior. Incluso los indios de Norteamérica tienen una Cenicienta. Todos los cuentos tienen una enseñanza. En la Cenicienta en todas sus versiones es el triunfo de la bondad, la perseverancia y el trabajo honrado sobre las adversidades que nos sortean y que al final dan su fruto. Vamos lo que viene a decirnos que hay que seguir siendo buena gente por mucho hijo de puta que venga a jodernos el dia porque al final tendremos una recompensa (yo no lo creo pero bueno, como ya hay muchos hijos de puta en el mundo y a mi me gusta ser exclusivo, no tengo más remedio que joderme).
Pues bien, la señorita Aido y su gabinete de Censores New Generation solo se ha fijado en que la pobre muchacha trabajaba en casa como una esclava y que, según el gabinete después de sesudas investigaciones, su unica misión en la vida es encontrar un buen marido, osease el Principe, que la quite de trabajar.
Vayamos por partes, como dice Jack el Destripador:
1. Cenicienta trabajaba en “su” casa. Que digo yo que si no se tiene para servicio domestico, el polvo lo tiene que quitar una en su propia casa.
2. Quien mandaba a trabajar como esclava a Cenicienta era su puñetera madrastra. No era un padre machista y maltratador. Y las que se reian de ella no eran unos hermanastros abusones y acomodados, eran dos tiparracas con bucles y volantes.
3. Si el trabajar hasta que un principe te saque de allí y te haga pegarte la gran vida (ojalá yo encontrara una “principa” que me quitara de levantarme a las 6’30 y me tuviera en una hamaca en un chalet en Sotogrande) ¿porque cojones va a besarle la mano a Leticia Ortiz (perdón, Su Alteza Real la Princesa de Asturias) por haber hecho lo propio?
“Éngaya ome”.
Y no voy a hablar de la pamplina de tener que decir: trabajadoras y trabajadores, madres y padres, compañeras y compañeros (ojo que no se te olvide poner delante en femenino por si acaso)en cada mitin o en cada discurso o en cada boletín. Y si no, la socorrida @ que es lo mismo: trabajador@s , compañer@s , amig@s y gilipoll@s integrales que los hay en los dos sexos.
A mí que soy del E.G.B. de finales de los 70’s y primeros de los 80’s me enseñaron que cuando en castellano se escribe un plural en el que hay al menos un sujeto o sustantivo de genero masculino, se escribe genéricamente en masculino. Porque el lenguaje tiende siempre a simplificar y no a redundar. Porque los señores y señoras (señor@s) catedráticos y catedráticas (catedrátic@s), perdón, los puse al reves (es mi poso machista) no han tenido a bien el cambiar la regla por que no constituye ningun menosprecio ni insulto al sexo o genero femenino.
Tampoco para terminar voy a hablar de la rebuscada “paridad”. Sí, eso de que si en un lugar de trabajo, al menos en lo público, tiene que haber el mismo número de hombres que de mujeres. Otra pamplina más de mi querido gobierno socialista (seguiré votandolos mientras exista la derecha en este pais).
Esto quiere decir que si hay 6 plazas y se presentan hombres y mujeres a un puesto de funcionario, quedarán fuera todos los hombres menos 3 por muy preparados y por muy superiormente cualificados que se encuentren sobre la mejor de ellas por que ha de haber paridad. ¿Es igualdad eso? Yo personalmente no lo veo, porque ante un concurso-oposición no se deberia mirar el sexo del participante ¿O sí señorita Ministra Aido? Tal vez usted esté de Ministra en base a esa paridad porque habia que rellenar los ministerios con una mujer , tuviera la capacidad que tuviera y la siguiente en la lista era Su Ilustrisima.
Ay, cuanta cabronada y cuanta pamplina.
Esto merecerá seguro una segunda parte.

jueves, 8 de abril de 2010

Irish connection

Dije que iba a explicar algún día aquello de la “conexión irlandesa”. Pues bien, todo empieza a eso de mis nueve añitos chispa más o menos. A mi vecino de enfrente que era de mi edad, sus primos de Francia le traían todos los años un comic o dos de “Asterix el Galo”. Yo no sé porque me atraía tanto aquella historieta, que para colmo venia en francés y no me enteraba de nada, pero lo cierto es que me caía simpático. Unos años más adelante encontré en la biblioteca del colegio unos comics pero en español. Al fin me enteraba de que iba la cosa y el interés se incrementó. Yo me imaginaba el lugar y me evocaba bosques oscuros y bruma sin haberlo visto nunca. Por entonces no había internet y no tenia la posibilidad de buscar nada que no viniera en algún libro. Todo estaba en mi imaginación. ¿De dónde lo sacaba? Vete tú a saber. La “Irish Connection” quizás.
Ya lo se, Asterix es francés, de la Armorica para más señas. Pero es celta y todo tiene su, como dice mi hermana Medb, causalidad. Por el año 86 salió al cine la película Highlander que aquí se conoció como, Los Inmortales. No es una película de culto pero a mí me impactó. Al fin ponía “rostro” a esa tierra que me atraía tanto. Aunque tampoco era Irlanda si que estaba cerca. Ya por entonces el sonido de una gaita me hacia transportarme a un paisaje verde, niebla y lluvia. Irish Connection.
A finales de los 90 me entero de que en Chiclana, en la Batalla de la Barrosa o de Chiclana acaecida el 5 de Marzo de 1811, se enfrentaron las tropas anglo-portuguesas contra los franceses. Lo que en realidad me atrajo fue que un regimiento era irlandés. ¿Por qué? Pues porque yo tenia el convencimiento de que muchos quedaron aquí o dejaron aquí su semilla. El 87º y 89º Regimientos de Royal Irish Fusiliers desembarcaron en lo que hoy se conoce como Torre del Puerco y pusieron en fuga a los franceses del Mariscal Víctor que asediaban Cádiz. Su arrojo les valió el sobrenombre de “Faugh a Ballagh” Limpio el camino, por una canción de guerra tradicional irlandesa. Hasta aquí la historia.
Ahora es cuando empiezan de nuevo las causalidades. Por un lado, mi abuela materna tenia como segundo apellido Mey. Después de buscar en libros de heráldica y apellidos, una aficción mia, no pude encontrar nada acerca de los Mey en España o America. A mi el apellido me sonaba a “May” Mayo en inglés, pero según transcripción fonética al castellano. Ha sido muy común en todo el mundo y en España en particular esa forma de escribir lo que no se conoce y hacerlo propio. Ejemplos hay miles: del inglés futbol (football), enfatizar (to enphasize) y del frances popurrí (potpourri), etiqueta (étiquette). Tambien los ingleses por ejemplo han usado palabras extrañas a su idioma siguiendo su transcripción fonética. El mismisimo whiskie es una transcripción del gaélico escocés Uisce que significa agua y el famoso parque dublinés Phoenix Park (el Parque del Fénix) es una mala transcripción del fionn uisce pairc “el campo del manantial”.
Menudo tostón para explicar lo que puede haber pasado con el apellido Mayo al pasar al castellano y escribirse tal como un paisano lo oiría de labios de un hijo de la Gran Bretaña. Aunque resulta que Mey tal cual existe.
Tenemos a mi abuela entonces, que además de apellidarse Mey, resulta que tiene una historia particular que es digna de que la cuente aquí. Mi bisabuelo Sebastián Ramírez se casó con Maria Mey y tuvo dos hijas: Leonor e Isabel. La dos eran de tez blanca casi marmórea, ojos grises mi abuela y azul intenso Isabel, el pelo veteado de pelirrojo mi abuela y rubio su hermana. Habían salido, según decian ellas, a su madre. Maria murió y mi bisabuelo se volvió a casar. Tuvo dos hijas más: Rafaela y Maria. La fisonomía de mi bisabuela y sus hijas no eran muy típicas andaluzas que digamos y eso siempre me llamó la atención. El apellido, ya lo dije antes, muy exclusivo.
El otro componente de esta causalidad es casi más inquietante. Andaba yo trabajando en la cerca de mi chalet. Tenia entonces puesta la placa que da nombre a la finca: Èire. Se me acerca una señora de extraño acento y me pregunta si mi mujer o yo éramos irlandeses. Ante mi cara de asombro me explica que su marido lo es y que viven a unos cientos de metros. Que cada vez que pasan por allí y ve el nombre piensa que allí vive un paisano. Quedamos en ir a su casa para conocerle dado que a mi me gusta tanto su país. Cual no será mi sorpresa cuando Paddy, que así se llama, me comenta que es militar retirado y pertenece al Royal Irish Regiment, descendiente de aquellos fusileros que desembarcaron a algunos kilómetros de allí casi 200 años antes “despejando el camino” de franceses. ¿Es o no es una causalidad?
The Irish connection.
Un par de años más tarde tuve la suerte de visitar Dublín por una semana y allí me encontré con la tierra que amaba sin saber porqué. Quise visitar el National Heraldry Museum donde te buscan tus antepasados irlandeses de cualquier parte del mundo y tus orígenes en la isla. Por desgracia estaba cerrado. De todas formas tomé la dirección y una vez en casa les escribí. Me contestaron que efectivamente el apellido Mey es irlandés y del condado de Westmeath en pleno centro de la isla esmeralda. Por desgracia para saber quién eres debes tener el nombre de tu antepasado y alguna fecha.
Mi asignatura pendiente es buscar en los archivos parroquiales el nombre de aquel Mey, mi tatarabuelo, y de la fecha en que inscribió a su hija Maria o quizás Mary, o ya divagando, Muirin Ò Miadhaigh que es como se escribiría en gaélico.
Atención, bajando a la tierra. El caso es que el año que viene por estas fechas se celebrará el II Centenario de la Batalla de Chiclana y para entonces espero haber aclarado el tema, para bien o para mal.
Quizás el hecho de no zanjar el tema sea el miedo a que todo sea un chasco al final.
De todas formas, como idea romántica no está nada mal.

martes, 2 de marzo de 2010

Que buenos son los hermanos de la Salle, que buenos son que nos llevan de excursión

Aunque no lo parezca yo me eduqué en un colegio de curas. San Juan Bautista de la Salle-San José de Chiclana de la Frontera.

“Sinite párvulos venire ad me” rezaba a la entrada. Dejad que los niños se acerquen a mí, la frase que según el Nuevo Testamento pronunció Jesús de Nazareth. Una frase que en manos de los educadores de aquel centro, tanto laicos como religiosos, era una sentencia que a mi se me hizo tan simpática como compararla con el “Arbeit macht frei” (el trabajo os hará libres) del campo de exterminio de Auschwitz. ¿Para qué querrían que los niños se les acercaran, me preguntaba yo, para darnos mejor el bofetón?

Porque los “hermanitos” y los no hermanitos nos soltaban un bofetón a las primeras de cambio.
Todo empezó en parvulitos. A la tierna edad de 5 años me llevé mi primera “guantá” y alguien dirá: “Algo harías”. Sí, con cinco años habría yo hecho algo para merecerla. Pues fue porque, rezando a la hora de salir, el compañero empezó a sacarme cosas del pupitre y la “seño” me pilló guardándolos y, ¡oh horror!, saltándome el avemaría. Toma castañazo en “toa” la cara. Al día siguiente evidentemente cuando sonó la sirena, (porque en mi colegio íbamos a toque de sirena, que parecía que iba a desencadenarse un bombardeo) el nene no quería entrar. La señorita con una sonrisa de oreja a oreja le dijo a mi madre: “No te preocupes que yo ahora le doy un juguetito hasta que se calme y lo tengo a mi lado”. Los cojones. En cuanto cerró la puerta me zarandeó del brazo y me dio un cogotazo y “pal” pupitre. Y así a partir de ese día no solo le cogí a la señorita un miedo visceral sino un odio atroz y un deseo de venganza en todo mi ser que me llegaba hasta el alma. Deseo insatisfecho que hoy quiero saciar al menos escribiendo esto. Señorita Luli, va por usted esté donde esté, ojalá no sea torturando niños.

¿Pero, todos los niños éramos tratados igual? No amigo mío. En el colegio de La Salle de mi época habíamos dos clases de niños. Los hijos de comerciantes, ediles o gente bien de Chiclana y el resto, los hijos de trabajadores. Nos diferenciábamos hasta en la forma de llamarnos. Los niños bien eran llamados por su nombre de pila, el resto solo teníamos apellido. Una forma de impersonalizarnos digo yo, o de demostrar que con los otros tenían esa confianza que da el dinero que tenían en el banco. Y es que en aquella época el trabajador no tenia chalet, ni dos coches, ni se iba de vacaciones una semana a un hotel en Salobreña. En aquella época sí, había diferencias sociales y bastantes.

Y como párvulos, cada curso tenia su torturador, digo educador. En primero Don José Antonio que ya el nombre da miedo. Su hobby era caminar por la galería porticada con su metro y medio de estatura arriando patadas a quien osaba subir los escalones y adentrarse en sus dominios. Cual amo del calabozo no permitía ni tan siquiera el sentarse en la escalinata. Su adlátere era Don Tomás, el de segundo curso, un señor gordo con muy mala leche y una regla que era como un látigo. Como si fuera el Cid Campeador, dominaba el arte de la esgrima y de un solo mandoble te enviaba los deditos al otro barrio. Porque en mi época si charlabas en clase no te mandaban una notita a casa. Te llamaban de ipso-facto y tenias que extender la mano como si te fuesen a dar algo. Y vaya si te daban, 20 reglazos en “toa” la palma. Y ni se te ocurra quitarla. Cada “plas” nos dolía a todos como en carne propia. Todos teníamos una experiencia para sentirnos identificados con el supuesto malhechor. Recuerdo entre sus lindezas la de hacer que un alumno sangrara por el oído de una bofetada o romper su varita mágica en la espalda de otro. Un héroe de leyenda. De leyenda negra.

Tercero fue como un sueño. Nos llegó desde la ancha Castilla un hermano que acababa de salir de la mili. El hermano Javier. Un autentico educador. Nos trataba como lo que éramos, niños, simple y llanamente. Era un maestro, un amigo y un compañero. Nos castigaba cuando lo merecíamos, nos suspendía cuando no estudiábamos, jugaba con nosotros en el patio ante la inicua mirada del resto de las SS, nos ayudaba cuando lo necesitábamos y siempre hablaba con todos. Y cuando digo todos quiero decir a todos, porque para él no había ricos ni pobres, todos teníamos nombre. Repetimos con él en sexto curso y ese año se marchó y con él el buen rollo en clase.

Pero entre tercero y sexto, lógicamente estaba cuarto y quinto. En cuarto Don Juan Miguel, un hombre alto como el asta de una bandera, con la cara picada y el alma llena de agujeritos. Todo un hombre que con sus 1’90 casi de estatura me dio un bofetón y me lanzó desde su mesa hasta la segunda fila de bancas porque como no sabia hacer unas cuentas le dije que las dejé para que me las explicara en clase. Se asustó, más por lo que le pudiera caer que por lo que yo pudiera haberme hecho, porque lo primero que hizo cuando me levantó fue decirme que no se lo dijera a mi padre. Tambien recuerdo cuando estuve toda una tarde de rodillas limpiando una mancha de tinta en el suelo porque al ir a coger un tintero (estábamos haciendo manualidades) alguien lo dejó abierto y yo me comí el marrón al derramarlo. De nada valieron las lágrimas ni los “esques”, me cogió del cuello y me hizo arrodillarme y trapo en mano me tuvo frotando toda una tarde. La tinta no se quitó, te jodes mamón.

El de quinto, Don Javier, ni fu ni fa. Si no te interesaba el fútbol eras como el polvo de la tiza que caía de la pizarra. Ese año con no olvidarte el chándal ya pasabas desapercibido. Fijaos que no me acuerdo ni de la cara, solo que tenia bigote. Aprovecho este vacío para recordar a los hermanos directores. El hermano Maximiliano, tieso, seco y alto como un palo y un carácter que ya lo quisiera Torquemada. Él fue quien descubrió en mi al ateo que soy. Ya en tercero me decía: “Rodríguez, usted no tiene fe alguna”. Y yo me preguntaba que eso donde podía verlo. Yo no veía que me faltaba nada. Bueno quizás era porque en clase de religión le salía con preguntas trascendentales como:“Si al principio no había nada ¿Dónde estaba Dios? o que yo no entendía que Dios fuese tan bueno y amoroso y dejara que los negritos de África tuviesen hambre y enfermedades. Se ponía rojo hasta la calva y me mandaba a callar no fuera según él a contaminar al resto de mis compañeros. Cuando venia el hermano visitador, una especie de supervisor, me ponía en la última fila y me decía que ni se me ocurriese levantar la mano para preguntar tonterías.

En sexto, aparte de otros porque ya en ese curso empezabamos a tener varios profesores, nuestro Némesis se llamaba hermano Fermín, un autentico nazi. Por una "h" que no escribieras en "hacia" te podias dejar la patilla o perder la coronilla de un coscorrón. Eso era lo más inocente. Este buen hijo de la Santísima Iglesia Catolica nos cogia de la pechera para zarandearnos e insultarnos por cualquier cosa que al "obersturmanführer" no le pareciera bien.
Se nos murió el angelico. Ojalá esté en Cielo que allí seguro que no iré yo.


En séptimo me tocó el hermano Diego, uno que venia de progresista pero que solo le reía la gracia al poderoso. Se le ponía el bigote tieso cuando venia el padre de alguno que tuviese un negocio boyante en la ciudad. Corría por el pasillo como la novia a la que el novio viene a visitar después de tres meses embarcado, para recibirlos y acompañarlos hasta el despacho de la jefatura de estudios, y mano en hombro se reía como si estuviese hablando con Gila de tú a tú. El resto, espera en la salita y si puedo bajo.

Los lunes fila en el patio y a formar y cubrirse como en un cuartel. Todos los días padrenuestro y avemaría al entrar y al salir. Y como colofón aquella cantinela: “San Juan Bautista de la Salle, ruega por nosotros”. Y yo pensaba, nosotros te rogamos por nosotros mismos.

Y cuando nos ponían anualmente la película de Mel Ferrer “El señor de la Salle” y yo veía que aquel hombre bueno cuidaba y ayudaba a niños pobres y recibía palizas e insultos de su coetáneos y me preguntaba: ¿Habrán visto estos la película? Quizás cuando empieza se quedan dormidos o se van a hacer otras cosas y se pierden lo que es ser un “hermano de la Salle”.

Octavo y Don Francisco, mi maestro. El único que me ha enseñado algo. Con más buena intención que otra cosa. Llevaba una carpeta enorme llena de papeles y apuntes y guardaba los exámenes y trabajos de todos los cursos que había tenido bajo su mano.

Llegó tambien la época que tenia que hacer la confirmación y estando en un colegio de curas aquello era un acontecimiento. A primeros de curso pregunté al hermano Diego si aquello era obligatorio y al bueno del hermano se le ocurrió decir que no, que era un acto libre. Libre, al fin una palabra esperada por mí tantos años en aquella mazmorra sin cadenas ni paredes húmedas. Decidí por mi cuenta y riesgo que no haría la confirmación y me desligaría ya por fin de la religión en general y la católica en particular. Riesgo si, porque me costó el Graduado Escolar. Como lo oís. Resulta que el hermano Diego me daba religión y matemáticas. Ni que decir tiene que me dijo a las claras que no esperase aprobar ni una de las dos. Yo de la de religión pasaba totalmente pero era condición sine qua non para aprobar el curso y por ende toda la primaria. Me quedé para Junio y la respuesta cuando fui a hacer el examen de recuperación era que estaba muy liado con la fiesta de fin de curso y que mejor en Septiembre. Entonces no había sindicato de estudiantes donde acudir. Mi venganza fue cuando aparecí en Septiembre a decirle que se quedaran con sus exámenes de recuperación, su religión y bienaventuranzas y su Graduado Escolar. Yo ya para entonces había entrado en la Escuela de Formación Profesional de Puerto Real y había ingresado con un examen de cultura general que me salió, modestia aparte, de lujo. Y así se lo restregué por “to” la cara al hermano Diego que después corrió detrás de mí como aquella novia que yo imaginaba detrás de su novio el embarcado para que hiciese el examen de recuperación. “Ya pa qué” dije yo.

No he vuelto a entrar en sus instalaciones desde hace 25 años.

Y allí se quedaron, los hermanos de la Salle y sus maestros, las columnas de la galería y los grifos de agua que casi nunca funcionaban, los bofetones y los reglazos, el colegio y los hijos... de la Santa Madre Iglesia. Amen.

martes, 23 de febrero de 2010

Uladh. El origen de todo.

Hace algo más de 10 años comencé a adentrarme en el mundo de la informática. Casi al mismo tiempo me fui metiendo en esto de Internet. Os digo la verdad, yo no sabia ni como se encendía la torre y la apagaba casi desenchufándola. Y ya no digamos Internet. Yo me pensaba que aquello era “invención diabólica”. La primera vez que entré en una sala de chat creía que me estaban observando por alguna cámara del estilo Gran Hermano (y eso que aun no estaba comercializado lo de las web-cams a nivel messenger) o que me iban a averiguar la dirección de mi casa.
Lo sé, era un pavo tecnológico, pero mis experiencias en informática se reducían a aquel “Sinclair Spectrum plus” de mi adolescencia donde hacia programitas en Basic y solo servia para jugar a marcianitos después de cargarlos varias veces de una cinta magnética enchufada a aquel reproductor típico de los cursos de ingles.
Como anécdota os diré que me tuve que buscar un viejo televisor de 14” en B/N por que mi padre decía que las rayas horizontales que salían en pantalla mientras salía el mensaje “loading”, iban a escacharrar la tele de casa.

Pues me metí a Internet, y empecé a chatear por un programa que algunos conoceréis que se llama Script y es como una pizarra donde entras en los distintos canales. En esa época entraba por el canal Terra. Me metía en salas digamos, por llamarlas de alguna manera, provinciales. Mi nick era Ulster (algún día os contaré la “conexión irlandesa”) y entraba en #Asturias o #Valencia. Lugares apartados donde charlar con gente de otras zonas, quizás por ese miedo a encontrarme a alguno un día por la calle.
Había en el canal una sala llamada #camelot y su nombre me atrajo. Resultó ser un lugar en el que a priori se llevaba un rol medieval, es decir, te creabas un personaje, una historia que contar y hablabas (escribías) como si fueses un caballero de la Tabla Redonda o un vulgar asesino a sueldo, un elfo inmortal o un bárbaro del norte. Dije a priori porque cuando entré me di cuenta de que allí solo había “niñatos” con muchas ganas de ligar, por llamarlo finamente, y pocas de jugar a espadas.

Allí me cambie el nick a CuChulainn, uno de los héroes mitológicos de Irlanda, ya que iba más acorde a un personaje que el de un lugar como era Ulster. Un día hablando con una chica que se hacia llamar Igrein como la madre del Rey Arturo, coincidimos en que aquello era una mierda de canal que no cumplía las expectativas de lo que buscábamos. Había un tal Belisario que nos invitó a entrar en una sala llamada #Ruinas y allí los tres conversamos sobre la decadencia de aquel #camelot y la necesidad de crear un salón donde primara el rol y se colmaran nuestras necesidades freakis.

Antes de seguir, quiero hacer un alegato. He usado la palabra “freaki” o friki, sin la connotación peyorativa con que solemos usarla. Aunque no está aceptado por la RAE, la palabra que en ingles significa: extraño, extravagante, estrafalario o fanático, se usa en español para designar a aquella persona que se exhibe por su físico extravagante o mostrar una actitud que causa risa. Todos conocemos esos personajes que aparecen en algunos canales de televisión de dudosa calidad y moralidad.
La otra acepción corresponde a personas que muestran un interés especial por un tema específico del que son especialistas y que dominan y que por ello puede llamar la atención de otras personas. Va de un simple hobby a casi ser una forma de vida.
Pues bien, esta última acepción es a la que me refiero con todo el respeto a quienes juegan (porque no deja de ser un juego) a este tipo de recreaciones medievales por chat.

Sigo la historia.

No éramos unos frikis al uso. No estábamos interesados en Tolkien ni en el manga ni literatura fantástica. Nos unía el gusto por la cultura celta y germánica, la mitología y la historia.
Y así nació #Kaupang, el mercado anclado en una playa de la vieja Noruega del siglo X en plena era vikinga. Nos juntábamos muchas noches un par de horas a recrear, con nuestros personajes creados para ese fin, lo que seria el día a día en una ciudad del norte de la Europa Medieval. Escribíamos como hablarían, como actuarían, como lucharían, etc. Se nos fueron uniendo otros colegas que fueron haciendo aquello cada vez más grande.

Los problemas con el tipo de administración por medio de un robot de Terra nos hizo marcharnos a otro llamado Irc-Hispano que era administrado por operadores “humanos”. Son los que llevan el signo @ delante del nick (apodo) si habéis entrado alguna vez en un chat. Aquí entramos a un canal que ya estaba creado y que se llamaba #Pendragón. La temática era la Saga Artúrica y nuestros personajes, que ya habían cambiado el nombre, pegaban más que en otros canales más fantásticos. Lo administraban unos operadores que se hacían llamar “Dragones Rojos” y la ciudad imaginaria se encontraba a orillas de un lago en el sur de la vieja Inglaterra. Nosotros nos instalamos al otro lado del lago. Como el ambiente en #Pendragón estaba basado en la caballerosidad y nosotros usábamos unos modales más rudos como buenos bárbaros, siempre estaban amonestándonos y hubo hasta alguna que otra expulsión. No podían negar que roleabamos estupendamente y nos ceñíamos a la perfección a nuestros personajes. Conocíamos a la perfección la cultura a la que jugábamos, su mitología y hasta frases en noruego. Y lo que era peor, conocíamos la leyenda artúrica casi mejor que ellos. Pero las normas de #Pendragón nos excluía y decidimos marcharnos de la sala y crear una propia.

Una noche recreamos el incendio del asentamiento en Pendragón y partimos con algunos de los que nos eran afines a una sala que ya habíamos creado y que seria nuestra “casa” durante los próximos casi 8 años.

Tyrhavn, la bahía de Tyr, asomada a un fiordo de la costa norte de Islandia.
Yo ya para entonces ya me llamaba Uladh, Igrein se llamaba Medb y Belisario era Sigurdr. Teníamos una fama en los canales temáticos de rol medieval y éramos respetados en ellos. Nuestra forma de rolear tan realista y coherente, nuestra hermandad y la cohesión entre nosotros nos hacían lideres en ese mundillo. Por aquel entonces nuestro canal estaba lleno todas las noches con muchos personajes vikingos y no tanto (permitíamos jugar a gente que traía personajes fantásticos siempre y cuando su rol no afectase a una credibilidad en el ambiente nórdico del canal)
Quiero recordar a nuestros (ya que así no teníamos) “hermanos”: Connle, Hrotgar, Kveldulv, Erlender, Kerish, Wulfgard, y a ellas Freya, Sailchuak, Morgana, Ysthariel, Khayla, Leanan. Y a nuestra archi-enemiga (mi gran amiga) Rilwane.

Todos ellos hicieron durante esos años que el canal floreciera y que las conversaciones se convirtieran en historias, las historias en una saga y esa saga quizás un día (si la acabo y la publico) en una novela. No nos redujimos a crear un canal para charlar. Nuestros personajes saltaron de la pantalla y la imaginación a la vida real.
No, no nos vestíamos de vikingos y salíamos a la calle a dar el cante, ya lo dábamos algunos con las pintas, medio jevy medio punk. Se trataba de que nuestra relación traspasó lo virtual para hacerse real. Nos llamábamos por teléfono los más alejados, se veían los más cercanos y nos queríamos de verdad. Nos queremos. Recuerdo con cariño cuando estuve en Madrid un fin de semana en casa de Connle en marzo de 2004 cuando las manifas de Astilleros y Bazan (ya os contaré de aquellas luchas). Que puntazo de tío. Un guerrero que tenia un corazón de oro. Tambien recuerdo cuando vino a verme a mi casa mi hermana Medb (tambien os contaré lo que me pasa con esta mujer. Joer os debo muchas cosas que contar). Vino con su familia en la autocaravana. La apreté como si me la fuera a meter dentro del alma. Hasta lágrimas nos costó.
Jamás les llamé por sus nombres “reales”. No es que tomáramos la personalidad de nuestros personajes, es que nuestros personajes tomaron tanto de nuestro yo real que en contraprestación tomamos nosotros sus nombres.
Es por eso que yo soy Uladh y normalmente omito el que figura en mi Partida de Bautismo, que es el que uso “administrativamente”. Tanto tiempo fui Uladh que ahora me es difícil desprenderme de él.

Hace casi dos años que dejé aquel mundo y aun lo hecho de menos. Hecho de menos a esa gente que me hacia soñar con calles embarradas y cubiertas de madera y salitre, con acero ensangrentado y litros de hidromiel al calor de un fuego.
Hoy la mayoría son un numero de teléfono en mi agenda que me prometo llamar algún día. Ellos seguirán sus vidas como yo la mía. Con sus trabajos, sus estudios o sus desempleos, sus familias y sus hijos (quien los tiene)
Hace unos días volví por Tyrhavn. Pensé que no existiría ya, pero allí estaba. Eterna. Encontré a Kerish que empezó con 14 añitos creo y ya tiene “teitantos” y a Morgana. Me dicen que alguna vez, como vagabundos de un mundo virtual, se pasa por allí alguno de los viejos habitantes. Se resisten como yo a olvidar.
Quién sabe si algún día volveremos a reunirnos todos en el fiordo, como llamábamos al canal. Yo quisiera y espero lograrlo. Lo que si se es que Uladh ya no regresará. Su historia acabó para Tyrhavn el día que decidió marcharse y no debe regresar. Tan solo lo hará a través del recuerdo.

Os lo debía.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Carta abierta a un Dios inexistente

Estimado Dios:

No creo que exista, eso quiero dejarlo claro desde el principio, pero haré un ejercicio de imaginación, como si escribiese una invitación de cumpleaños al Rey aun a sabiendas que ni la leerá ni vendrá. Tan solo decirle que usted, no se como tratarle e imagino que es lo suficientemente educado el trato de usted, en su trabajo o gestión deja mucho que desear.

Para mostrarle el porqué de mi reflexión le recordaré algunas de las lindezas de sus obras y usted mismo haga un acto de meditación y dígame si estoy o no en lo cierto.

Cabria que me incriminara el que yo cometa fallos en mi vida diaria y tampoco cumpla todos los objetivos que me son encomendados pero en mi descargo le recuerdo que yo soy un simple mortal, humano, falible y sin más poder que mi libre pensamiento y dos manos que, si bien son un milagro de la naturaleza solo digna del ser humano, tiene sus fallos y limitaciones. Usted en cambio es, por que usted así lo quiso: Único, infinito, eterno, inmutable, omnipresente, omnisciente, omnipotente y soberano. Dicen tambien, aunque tengo mis dudas, que es: Justo, amoroso, santo y coherente.

A pesar de sus virtudes y empezando mi lista de fracasos, le diré que es usted un irresponsable, un soberbio cruel y despiadado, incompetente y arbitrario. Indolente, imprudente y olvidadizo por no decirle dejado.

Creó usted un mundo perfecto en donde podríamos vivir con holgura y en paz todas las criaturas concebidas tambien de su pródiga mano. Se le olvidó hacer una naturaleza menos catastrófica y alocada. Un fallito sin importancia de no ser porque tenemos que vivir inmersos en ella y a su merced. Digamos que es la hija rebelde a la que habría que domar. Un trabajo enorme al que no está dispuesto a atender.

Se le “rebotó” uno de esos seres perfectos que creó, esos ángeles cuya misión es estar cantándole alabanzas y regalándole el oído por toda la eternidad y en lugar de castigarlo o contenerlo en una esquina alejada de su limpio Cielo, nos lo envía a la Tierra, a tentarnos y mortificarnos. Tiene usted un sentido de la limpieza un tanto exclusivo, la basura al cuarto invitados.

Crea usted al ser humano a su imagen y semejanza, nos da libertad de pensamiento y elección pero luego nos prohíbe creer en lo que queramos y nos oculta las cosas que a usted no le interesa que sepamos. Eso sí, cuando lo averiguamos por nuestra cuenta nos echa del Edén. Si es usted omnipresente, debió cuidar más el dichoso arbolito. Estaría usted en otras cosas.

Elige usted un pueblo concreto, el resto no merecíamos esa condición demostrando una vez más el amor del que usted se vanagloria por los siglos de los siglos. Envía a ese pueblo a destruir y matar al resto de desgraciados individuos que tienen la desventura de no entrar en su infalibles planes. Otra prenda de su amor y sapiencia.

Pero es que dentro de ese pueblo escoge usted de entre los más piadosos y que le son más fieles y no los premia sino que, muy al contrario, les somete a pruebas inhumanas y vejaciones dignas del más oscuro de los psicópatas. Les hace pasar hambre y calamidades, torturas sin cuento, llagas y enfermedades y hasta les envía un par de veces a matar a sus propios hijos. Pero que se puede esperar de alguien que envía a su propio hijo, su único hijo (aquí se lía usted un poco ya que antes nos dice que todos somos sus hijos pero parece que se queda con el predilecto, quizás por que era el único que sabia convertir el agua en vino y el resto se lo bebe sin más) a morir tras cruel tortura. Y dice que es por salvar a la humanidad. Dos mil años después vemos que el pobre Jesús murió para nada, de haberlo sabido seguro que se habría largado a malgastar su vida como cualquiera esperando la vejez y la jubilación montando una taberna en Jerusalén justo al lado de la piscina municipal. Un negocio boyante y fructífero.

Tiene usted un sentido del humor muy particular. Decide inmolar a su ojito derecho para salvarnos de algo que usted mismo ha creado y permitido. O las bromas se le estaban yendo de las manos o los milenios se le echaban encima. Eso era cuando usted se manifestaba y nos dignaba con su presencia. Aquellas pobres gentes tuvieron la suerte de disfrutar de su infinita presencia, la mayoría de las veces para “acojonarlos” con llamas ardientes y plagas bíblicas todo hay que decirlo. La Humanidad era entonces como un niño pequeño que balbuceaba, se lo hacia todo encima y necesitaba su omnipresencia. Y allí estaba usted como buen padre para reñirles cuando se portaban mal, aunque tal riña supusiera un diluvio universal o una lluvia de azufre y hielo. Es que usted no mide su fuerza y se le va de las manos. Pero lo importante es la enseñanza.

Lástima que esa enseñanza, como suele sucedernos a los padres mortales menos omniscientes, trae una réplica en el comportamiento de los hijos y así, al igual que los nuestros que si les castigamos cruelmente repiten ese procedimiento en los amiguitos del colegio, sus amados hijos lanzaban azufre y fuego contra los compañeros de otras naciones. Y usted no hacia nada, porque seguro que estaba ocupado inventando calamidades para probar cuanto le querían y cuanto eran capaces de soportar por su divina gracia.

Tiempo después, al crecer ese niño malcriado que es la Humanidad, nos dejó usted un poco más abandonados. Nos hacíamos mayores y quizás le aburríamos un poco. Ya no éramos tan graciosos y dejó de visitarnos. El trabajo, las preocupaciones, ya se sabe. Es usted un ser muy ocupado, ser Supremo tiene que ser duro. Pero no nos dejó solos, no. Nos dejó unas “niñeras” magnificas. Una especie de institutriz de las de antes. La Iglesia se llamaba, y se llama, porque como no estamos considerados mayores de edad aun tenemos tutor.

Como buena institutriz es inflexible, casta, perversa y anticuada. Nos guía moralmente y nos indica en cada momento qué tenemos que hacer y nos colma de prohibiciones. Nos castiga si no seguimos sus enseñanzas. Mientras, usted nos ha dejado totalmente a su merced. Ya no quiere saber nada de nosotros. Usted ni está ni se le espera. Eso sí, su institutriz nos sigue castigando y maltratando y usted que nunca ha sido buen padre, ni se entera ni quiere saber nada. Sufrimos no obstante de las negligencias de su incompleto trabajo, de su falta de previsión y su cínico humor. Es usted un mal padre y yo, si fuese hijo suyo, renegaría de usted.

El consuelo es que usted, sencillamente, no existe. La Iglesia nos habla de que tenemos un padre bueno y amoroso, que tambien se enfada a veces, pero que no podemos ver y tenemos que creer en su existencia aunque nunca le hayamos contemplado. Aquí no hay pruebas de paternidad ni libro de familia al que agarrarse. Entre tanto nos asusta con las llamas de un infierno, la ausencia de su divina figura (por otro lado algo a lo que estamos acostumbrados) y el ostracismo.

Mire usted, por mi se queda usted con sus amados hijos, su siniestra institutriz, su Cielo y su Edén. Déjeme con mi mísera existencia sin su divina presencia.

Con afecto y cada vez más convencido de su inexistencia, se despide su oveja descarriada.